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Memoria Colectiva: Ernesto Ferreyra y el homenaje a su padre desaparecido

A veinte años de su primer EP, el DJ cordobés recuerda cómo la música puede ser un territorio de memoria e identidad.

Ernesto Ferreyra es historia viva de la última dictadura cívico-militar de la Argentina y más en Córdoba. Nació en abril de 1976, semanas después del inicio del golpe y su historia personal quedó marcada para siempre por una ausencia. 

Décadas después, convertido en uno de los DJs más destacados de la escena electrónica cordobesa, encontró en la música la forma de saldar esa deuda afectiva.

Su papá, Adrián Ferreyra, nació en Chilecito, La Rioja, en una familia de clase trabajadora: su padre técnico en mecanografía, su madre secretaria del juzgado federal. A los diecisiete años se vino a Córdoba a estudiar psicología. Conoció a la que sería su mujer, estudiante de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras. Se casaron en 1975.

El golpe fue el 24 de marzo. Tres días después, el 27, un operativo llegó hasta Media naranja, un pequeño pueblo de Cruz del Eje donde estaba la casa de la bisabuela de Ernesto. En ese operativo secuestraron a la madre de Ernesto que luego fue liberada. A su padre no. 

La búsqueda de Adrián continúa hasta hoy. Su madre, ya muy anciana, todavía está viva. La madre de Ernesto falleció hace casi cuatro años, poco después del juicio por el secuestro, a los 65 años.

Décadas después, ese hijo, ya una figura consolidada dentro de la escena electrónica de Córdoba, no dudó a quién dedicárselo.

Un homenaje a través de la música

El EP que Ernesto Ferreyra publicó el 21 de noviembre de 2006 en vinilo 12″ por el sello Mutek —el festival canadiense de innovación musical, arte digital y audiovisual que le abrió las puertas cuando vivía en Montreal— cumple este año veinte años. 

Dos décadas después, Memoria Colectiva sigue siendo una de las piezas más personales de su carrera. Una obra que no envejece porque su materia prima —la memoria, la ausencia, la búsqueda— tampoco lo hace.

La tapa condensa todo el peso de esa historia. Es un rompecabezas de la foto del casamiento de sus padres, donde faltan algunas piezas —los rostros—. Al darla vuelta, aparece la mano de Ernesto sosteniendo la pieza faltante: la cara de su padre.

Para mí es una de las tapas más lindas de todos los discos que he sacado”, señaló el DJ en una entrevista con Córdoba Beat. Y agregó algo más: “Fue como un regalo a él. Hay que seguir los sueños, te lleven a donde te lleven”.

El arte, cuando es genuino, no puede despegarse del tiempo que lo rodea. Memoria Colectiva es un ejemplo de eso: una obra que nació de la ausencia, tomó forma en Canadá, y regresó a Argentina cargada de memoria. “Fue un homenaje a mi viejo y a todos los desaparecidos”, subrayó Ferreyra.

El EP fue grabado junto a Guillaume Coutu-Dumont, con quien también formó el proyecto Chic Miniature. Esa primera experiencia discográfica lo marcó tanto artística como personalmente. “Esto es lo que soy, sea bueno o sea malo, esto es lo que yo tengo para dar”, reflexionó.

 “Caí en una crew de gente que me recibió con los brazos abiertos y, gracias a ellos, mi carrera se desarrolló como se desarrolló”, contó el DJ.

Veinte años después, Memoria Colectiva sigue siendo importante. Para Ernesto, para su familia, y para todos los que crecieron en silencio alrededor de una ausencia que nadie nombraba.

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