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Entrevista: Jorge Ciccioli, aquí y ahora

Jorge Ciccioli pasó por Córdoba y aprovechamos la oportunidad para charlar con un artífice crucial de la música electrónica y, por sobre todo, el techno nacional. Una mirada cargada de trayectoria y con puentes hacia el futuro, que tiene mucho para decir y es necesario escuchar para la evolución de la escena.

Viernes de invierno en Córdoba y la fiebre mundialista invade la ciudad. La selección argentina y Leo Messi en su última máxima competición marcan el pulso social y se roban gran parte del sentir en la población. Sin embargo, siempre ocurre que hay grupos que viven abstraídos de ciertas cuestiones masivas y, a horas de un partido, en el subsuelo de una galería hay gente que se encuentra a través de la música.

Jorge Ciccioli es el protagonista de esta escena. Acaba de brindar una masterclass sobre producción a jóvenes que buscan dar sus primeros pasos en ese universo creativo dentro de Try Room, un espacio nuevo que se sostiene a puro esfuerzo y pasión por parte de sus dueños. La charla es constante y el entusiasmo reina en la sala: luego de una presentación de cuatro horas, continúan las ganas de poner ideas en común entre personas que, en su mayoría jóvenes, conectan de igual a igual con un Jorge de más trayectoria y experiencia.

Entre la pedagogía, la ética del trabajo, el desencanto con la cultura de la inmediatez y la búsqueda de la vanguardia, dialogamos en profundidad con un referente indiscutido del techno argentino.

Apagar el entorno para encontrar el refugio creativo

Córdoba Beat: Lograste una conexión muy particular con los chicos en la masterclass. ¿Qué te da la pedagogía y la docencia hoy? ¿Cómo lo disfrutás?

Jorge Ciccioli: La verdad es que lo disfruto mucho. Me da un punto de encuentro bastante profundo con todos los chicos que se acercan y aman esto. Capaz que en las discotecas el propósito por el cual la gente está ahí tiene que ver más con el entretenimiento, mientras que en las clases —sea en una escuela o con un profesor particular— se genera el vínculo más estrecho que podés tener con la música.

A mí me gusta que acá tratamos de apagar un poco el entorno. Si te detenés a mirar cómo está la sociedad o la escena actual, es muy probable que en algún momento te sientas muy defraudado o decepcionado, y eso te va quitando inspiración. Entonces proponemos apagar todo: capaz pasarte un fin de semana sin mirar redes sociales, armarte la comida que te gusta, dedicarte 48 horas a estar en ese entorno creativo y disfrutarlo. A mí mismo me pasó en momentos donde sentía que las cosas no estaban como me gustaban: me tuve que preguntar “frená, yo hice esto para disfrutarlo y no lo estoy disfrutando”. Para encontrarte con la música no necesitás que nadie te la presente.

Además, me gusta la presencialidad. Que en estos tiempos donde está todo tan desmaterializado y online nos juntemos 20 personas que no nos conocíamos a hablar de esto, a darle profundidad sin volvernos aburridos o una secta, es valiosísimo. A los músicos y a los artistas siempre nos gustó ir a contramano de lo que pasa afuera.

CB: Estás en contacto constante con las nuevas generaciones. ¿Cómo las ves? ¿Te genera tranquilidad o preocupación?

JC: Por suerte veo a chicos que están tomando un camino correcto, que es el de aprender y bancar el proceso. Esto es como querer ser maratonista e ir a correr 10 kilómetros: si nos juntamos a trotar todos los días de la semana, para algún lado vamos a ir. Las redes sociales y esta época vendieron demasiado la inmediatez, pero acá estamos hablando de procesos y de soportarlos. Eso te termina dando un entendimiento de un montón de cosas de la vida. Cuando querés tapar el sol con la mano ante un problema, no podés; tenés que bancar el proceso de mejorar.

Hablamos mucho de la inspiración a través del contacto humano. Cada vez que tuve contacto con grandes artistas, después iba a mi casa, hacía un demo y salía una mejor versión de mí. Quiere decir que la presencia humana estimula un poder extra. Y aunque a veces nos preguntemos cuánto va a durar todo esto con cómo va el mundo, surge la necesidad espontánea de juntarnos. Ya nos pasó en la pandemia. Nos vamos dando cuenta de que el marketing digital no dio todos los resultados económicos que prometía y volvemos a la idea fundamental: al final hay que tener algo de música, algo propio. Más allá de lo profesional que seas, la gente te va a respetar por mostrarte como sos y por mantenerte en tu búsqueda.

Del coleccionista al consumo filtrado

CB: En todos tus años de trayectoria, ¿notás que las motivaciones de los protagonistas de la escena cambiaron?

JC: Cambiaron un montón. Al principio éramos melómanos que nos encontrábamos en la disquería. Uno de mis ídolos y gran amigo sigue siendo Diego Ro-k. Me acuerdo de que cuando era chico iba a la disquería, aparecía Diego y yo me quedaba congelado mirándolo agarrar discos. Ir a la disquería era nuestra red social, el punto de encuentro. Aprendías mucho de los más grandes, de su técnica, su selección y su criterio. Era una cultura de coleccionistas.

Hoy siento —sin juzgar el propósito de nadie— que hay una obsesión enorme con la “visibilidad”. Parece que todos tienen la necesidad desesperada de ser visibles. Hay tipos a los que les va bien comercialmente pero se sienten pobres porque no son visibles en una pantalla. Y me parece que a la visibilidad hay que darle contenido. Antes los artistas daban cuatro notas, sacaban dos o tres discos y se iban de gira. Ahora siento que hay promo, promo, promo, 5.000 entrevistas y pocas nueces. Es demasiada promoción para la venta del producto real.

Estamos viviendo una realidad filtrada a través de una aplicación. No me quiero quedar afuera ni estoy en contra, pero escuché una frase hace poco que decía que tenés que encontrar la manera de usar las redes sin embarrarte, sin meterte en terrenos donde no seas espontáneo. Yo busco mantenerme espontáneo. Si le hiciera caso a las redes todo el tiempo, sentiría que dejé de pensar. Yo quiero usar a la tecnología, no que la tecnología me use a mí.

CB: Ante ese panorama, ¿sentís que hay una necesidad cíclica de buscar las raíces?

JC: Es que las cosas siempre tienen momentos cíclicos. Fijate que hay un retorno al vinilo y chicos de 20 años hablando de Detroit de los 90. Quizás lo llamativo de hoy es que no está habiendo un sonido genuinamente nuevo. Un amigo un día me decía: “¿No es raro que entren chicos de 20 años al club y vean a DJs de 60?”, y yo le decía que es la primera vez en la historia que existen tipos de 60 años así; nuestros abuelos no eran así.

Es increíble que hayan pasado 30 años de house y techno y sigamos todos parados sobre el mismo beat y el mismo groove, tanto uno de 30 como uno de 60. No sé si otro género musical logró perdurar tanto en el tiempo. Nos podemos quedar tranquilos de que la base es sólida. Tipos como Diego Ro-k, Diego Cid o Carlos Alfonsín son pioneros que siempre admiré y que hasta el día de hoy te hacen sentir un novato cada vez que los escuchás. Siempre hay para aprender de ellos.

La noche, las guerras de productoras y la ética del clubber

CB: ¿Cómo ves a la escena actual del techno? ¿Te conforma el circuito que hay?

JC: Me gustaría que hubiera más propuestas y más clubes. Hay una situación mundial de achique económico, de menos espacios. Admiro a cada chico y productor de eventos que toma el riesgo de hacer fechas, porque la noche no es un terreno fácil: te topás con diferentes sectores del sistema y del no sistema. A veces los artistas se enojan porque los llaman o no los llaman, pero hay que entender que el promotor se está subiendo a un barco riesgoso.

Hoy hay muchas fiestas, pero a veces son chicos armando su propia fiesta para tocar ellos mismos; antes había más circulante, un circuito donde nos rotábamos más. Lo positivo es que estamos entrando en una etapa del productor muy interesante, con artistas cada vez más profesionales. Muchos argentinos de house y techno están apareciendo en sellos europeos y los veo en su mejor momento.

Lo que sí me preocupa es el quiebre generacional. A veces parece que los más grandes les dicen a los pibes que lo que hacen es un desastre, y los pibes les responden “ustedes ya fueron”. Deberíamos estar más integrados: los de arriba tienen el conocimiento y los jóvenes son quienes lo transmiten y le vuelven a dar validez. Somos parte de la misma historia; yo me inspiro y soy inspirado.

CB: Mencionás lo generacional, pero también hace falta cuidar lo humano en las pistas…

JC: Totalmente. Cuando hablamos de querer una buena escena, no se trata solo de DJs editando en sellos internacionales o girando por el mundo; tiene que ver con lo humano. A veces ves a dos productoras jugándose una guerra de free-pass y salen heridos los dos. Es como una guerra de tomates: no sale nadie vivo. He visto gente disfrutar más arruinarle la fecha a otro que concentrarse en que le vaya bien a su propia fiesta.

No tenemos que sufrir la escena. No vinimos a la música a cargar bolsas de arena; vinimos para crecer, disfrutar, bailar y desconectar.

El proceso, el arte en vivo y la huella de Richie Hawtin

CB: ¿Qué requiere realmente alguien para dedicarse a la música?

JC: Hay una frase que dice “uno es lo que hace mientras nadie lo ve”. A mí la música me pasa por dentro independientemente de si me llaman a tocar o de si hay escena o no. Me levanto a las 8 de la mañana y ya estoy prendiendo el Ableton Live; es un gusto genuino, voy como perro al hueso. Si no te gusta el proceso, al primer frío no vas a entrenar.

También hay mucho de autodisciplina, de monje. Un vecino del barrio me decía siempre: “Vos tenés la conducta de un monje”, porque me veía encerrado todo el día produciendo. Para mí es un estilo de vida.

CB: Dijiste que el techno es como una religión. ¿Qué lo hace diferente a otros géneros?

JC: Es la historia de mi vida. Son mis amigos, es ser Chicho. Cuando me falta trabajo o no voy de gira, me entra una crisis de identidad, me pregunto quién soy, pero vuelve el trabajo y vuelve Chicho con fuerza. Para mí el techno es un arte moderno de vanguardia. Me encanta su sonido futurista, esa cosa “nave” y alienígena que nunca me deja de asombrar.

Además, el techno es un arte que sucede en vivo. Cuando combinás dos o tres canales en la mezcla, llegás a momentos brutalistas y magnánimos de audio. Es como el surfista y la ola gigante: el surfista no está todo el tiempo arriba de la ola, son instantes. El techno también son momentos donde de golpe se arma el “olón”, la mezcla se vuelve gigante y ahí se produce el ritual entre el ritmo y la gente.

CB: Mencionabas esa dimensión técnica e innovadora. Richie Hawtin fue una figura importante en tu recorrido, ¿qué significa su figura para la escena?

JC: Richie y Aphex Twin fueron los tipos que llevaron la música electrónica experimental al terreno pop, haciéndola tan vendible como el rock sin perder sofisticación. Richie además es un gurú tecnológico: usa Traktor porque ayudó a desarrollarlo, inventó su propia mezcladora (MODEL 1) y fundamentó filosóficamente el minimal. Es el artista electrónico completo.

A mí me ayudó a mantenerme en mi camino y en mi sueño como pocos. Le estoy muy agradecido y tuve la suerte de podérselo decir en persona hace poco. Le dije: “Te quiero agradecer por lo que ya hiciste”, porque a veces a esas figuras les exigís más y más sin terminar de valorar lo ya construido. Hoy mantenemos una relación muy gratificante, conversamos, filosofamos y nos mostramos música.

El futuro tecnológico y el proceso creativo

CB: Frente a un contexto donde aparece la Inteligencia Artificial, ¿cómo te posicionás frente a lo nuevo?

JC: Si no disfrutás del proceso, ¿cuál es el sentido? Sería como si un surfista mandara a un robot a surfear la ola por él mientras se queda mirando desde la playa. Lo que la gente espera de un artista no es un regalo que compró en una tienda, sino su propio dibujo, su canción, algo cargado de su condición humana. Ahí está la diferencia entre el arte y la reproducción automatizada de imágenes.

Con los años empecé a ver a cada productor como a un pintor de cuadros. Así como Dalí es Dalí o Picasso es Picasso, Oscar Mulero me parece un pintor increíble de sets (sería un Goya) y Richie sería un Mondrian. Me gusta verlo desde ese ángulo. Y la discoteca es el escenario perfecto para eso: un espacio donde la gente se viste como soñaba ser, se saca la máscara del trabajo de la semana y donde se mezcla el ritual, el arte moderno y la diversión.

CB: Para cerrar, ¿a quiénes nos recomendás prestarle atención en la escena actual?

JC: De Argentina, Kolpos me parece muy destacable. Está en un momento increíble de producción techno, aprendo e inspiro mucho con él. De acá de Córdoba están Franco Rossi, Nico Centeno… hay una camada técnica excelente. Y del exterior me gusta mucho la agresividad elegante de Lewis Fautzi, las producciones de Claudio PRC o Luigi Tozzi, sin olvidar a los maestros históricos que siguen siendo insuperables.

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