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Sirat bajo la lupa: aciertos y fallas

Sirat: trance en el desierto posee una relación con la música electrónica a partir de la cual despega y se sostiene a lo largo de su narrativa. En algunos pasajes ese vínculo resulta armónico, mientras que en otros parece forzado y cae en lugares comunes, aunque logra plantear cuestiones profundas de fondo. 

Oliver Laxe es el director de la película, nominada a los Premios Óscar 2026 en dos categorías: Mejor Película Internacional y Mejor Sonido, lo que da cuenta de sus principales virtudes. El largometraje es español y está producido por los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar. A grandes rasgos, cuenta una historia atravesada por el dolor, la perseverancia y la crueldad de la naturaleza.

La trama se centra en la búsqueda de un padre y su hijo en el desierto del Sahara occidental (Marruecos), tras la desaparición de su hija luego de asistir a una fiesta rave en la zona. El punto de partida es una de las denominadas free parties, encuentros que pueden tener lugar en ciudades como Marrakech, Casablanca o Rabat, así como en el propio desierto. Desde su inicio se evidencian algunos de sus puntos más fuertes, que se sostienen durante todo el filme, especialmente en lo técnico: la fotografía y el sonido. 

La música y el diseño sonoro cumplen un papel clave en la narrativa, aunque por momentos su utilización resulta forzada. Aun así, su capacidad de inmersión fue reconocida con la nominación al Oscar en la categoría de sonido. El equipo conformado por Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas marcó además un hito al ser el primero completamente femenino en dicha categoría.

El director mantiene una constante en su filmografía: construir relatos donde el entorno natural funciona como un protagonista condicionante, con escaso diálogo entre los personajes. En este caso, el desierto se presenta como una jaula inmensa, por momentos similar a Marte, en la que los protagonistas se sumergen en un progresivo deterioro físico y mental.

Su carácter de drama trágico convierte a la película en una experiencia densa y profunda, que sin duda conmueve dentro de una atmósfera triste y dolorosa. Es una obra abrumadora, una travesía que parece no tener fin ni salida. Algunas de sus críticas más duras la califican como un cine “para pasarla mal”. En busca de una comparación cercana, puede vincularse con Climax, de Gaspar Noé, ya que en ambas la música y lo sonoro ocupan un rol central desde el cual se construye la narrativa. Sin embargo, aquí esa participación se percibe más forzada y menos orgánica. Además, por momentos cae en ciertos estereotipos y miradas algo demonizadoras, aunque también es un contexto que, desde nuestro punto geográfico, resulta lejano.

Desde una mirada personal, no es el tipo de cine que suelo preferir, aunque se entiende el mensaje que propone, el cual impacta y aturde en su ejecución. Sus puntos fuertes residen en lo técnico: la fotografía, el sonido y la composición de planos elevan la obra con una elaboración magnífica, que explica su reconocimiento y su lugar en los premios. En la carrera por el Oscar a Mejor Película Internacional quedó relegada frente a Valor Sentimental, que también aborda temas oscuros y profundos, pero desde un enfoque más cercano, con mayor presencia del diálogo y recursos narrativos más claros.

Por otra parte, sus puntos más débiles recaen en la narrativa y en la intención del relato. Se comprende el ritmo y el propósito que el director viene desarrollando en sus trabajos previos; sin embargo, existe cierta desorientación en su desarrollo, quizás producto de los golpes emocionales que propone a lo largo del recorrido. Esto no implica que sea una mala película, sino que se trata de una propuesta exigente, para la cual hay que estar preparado, alejada de la espectacularidad del cine hollywoodense.

En definitiva, Sirat es una película que impacta desde lo sensorial y lo técnico, pero que pierde fuerza cuando intenta sostener su discurso. Una experiencia tan potente como irregular, que confirma que no siempre intensidad es sinónimo de profundidad.

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