Hablemos de drogas: qué dice el estudio “Con Sumo Cuidado” sobre reducción de daños

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A raíz del fallecimiento de una joven en Córdoba luego de consumir éxtasis y la necesidad de combatir la desinformación surgida en medios de comunicación y redes sociales por este hecho, el estudio del CONICET “Con Sumo Cuidado” arroja interesantes datos y análisis, desde un abordaje científico, sobre el consumo de sustancias psicoactivas.

Las fiestas de electrónica y su asimilación con las drogas volvieron a ser el ojo de la tormenta en los medios de todo el país luego de que una joven de 28 años, identificada como Agustina Di Martino, falleciera la noche del sábado 23 de julio en un hospital de Punilla, tras haber sufrido una intoxicación por consumir éxtasis en un evento de La Estación. 

La mujer había asistido a la fiesta del viernes 22 de julio protagonizada por Stephan Jolk y Øostil, en Malagueño. En la madrugada del sábado fue trasladada tras una descompensación al Hospital Domingo Funes de Santa María de Punilla, donde quedó internada con un edema cerebral y en estado crítico en la terapia intensiva.

Según voceros del hospital, indicaron que en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) se había confirmado que la paciente tenía un edema cerebral por intoxicación con metanfetaminas.

Este lamentable desenlace con el uso de drogas se repitió por sexta vez en una década. En ocasiones como estas, donde la desinformación abunda y el tratamiento serio en los medios convencionales escasea, resulta imprescindible ofrecer a la población un análisis en profundidad sobre la consumición de drogas, que examine en detalle el vínculo entre cada estupefaciente y el medio ambiente en contexto.  

Así como le sucedió a la joven cordobesa de Río Segundo y a los fallecidos en la tragedia de Time Warp, estas son situaciones que cualquier usuario que consume estupefacientes puede vivenciar. Por esta razón, resulta imprescindible que existan herramientas y abordajes informativos respecto a la temática. 

En este sentido, nos remontamos unos meses atrás para retomar a “Consumo Cuidado”, el proyecto de Reducción de Daños presentado por la licenciada y doctora en psicología Belén del Valle Vera, becada del Instituto de Investigaciones Psicológicas IIPsi-UNC-CONICET. 

El principal objetivo de esta propuesta es posibilitar el acceso a la información acerca de la farmacología de las diferentes SPAs, con contenidos sobre sus efectos y los riesgos para la salud. Una vez lanzado este proyecto, los usuarios recibirán alertas sobre sustancias adulteradas que potencien el riesgo para quienes decidan consumir, la base de datos estará compuesta con datos dentro del mercado local.

La iniciativa realizada por parte de investigadores del Conicet busca brindar estrategias y pautas para quienes quieran consumir determinada sustancia lo puedan hacer bajo conocimientos y distintas pautas para reducir potenciales daños asociados a su uso. Por último, la aplicación contará con datos sobre los centros de salud de la ciudad y de asistencia profesional, ante cualquier emergencia.

La licenciada Vera le brindó en esta ocasión a Córdoba Beat los resultados de la investigación que viene realizando con su equipo. “Lo que encontramos es muy parecido a lo que se ve en poblaciones de otros países. Sustancias más consumidas, frecuencia de consumo y demás. Queríamos conocer cómo estaba el consumo acá en Argentina. Un poco más específicamente, en Córdoba”, señaló a este medio en enero la becaria.

El segundo objetivo de este relevamiento es a su vez generar un contacto con la población que luego, este equipo de investigación pretende que sea usuaria de la web. 

Cabe destacar que actualmente, la investigación va por su segundo estudio. Este tiene un objetivo más allá, que es el desarrollo de una intervención. Ello conllevaría una intervención y su respectiva evaluación para ver si es efectiva en su misión de reducir las consecuencias negativas asociadas al consumo de sustancias. 

“Esta primera encuesta nos sirve para pensar un poco en nuevos proyectos y nuevas líneas de investigación dentro del gran equipo de Consumo Cuidado”, expresa la profesional.

“Estamos hablando de una población que consume mucho y muchas sustancias diferentes. Eso es otro punto a señalar, ya que es muy alto. El porcentaje de personas que mezclan más sustancias en el consumo, se asocia más a consecuencias negativas más. Entonces eso nos marca un poco la forma de empezar a preguntar el consumo de sustancias y siempre incluir en las encuesta y en los abordajes y en las intervenciones que uno haga el tema del policonsumo y de la peligrosidad o los riesgos asociados a la mezcla y el consumo de sustancias”, anticipa la doctora.

¿Qué arrojaron las primeras investigaciones?

Antes de presentar los resultados, es importante destacar en qué se basó la primera investigación, abordando desde la edad, el sexo y su residencia hasta el margen de tiempo con el que se consideró estudiar el consumo de sustancias.

De este modo, en una primera indagación preliminar, se examinaron a un total de 443 jóvenes de entre 18 y 35 años. De esa muestra, el 46.3% tenía entre 18 y 24 años, el 40.8% entre 25 y 30 años y el 12.9% 31 años o más. En lo que respecta al género, 299 (el 67.5%) reportaron ser del género femenino, 138 (31.2%) del género masculino, 4 (0.9%) no binarie, una persona transgénero y una persona prefirió no especificarlo.

En lo que respecta a la zona de donde residían los usuarios utilizados como muestra, el 59.8% vivían en Córdoba, el 18.8% en Buenos Aires, 7.2% en La Pampa y el 4.5% en Santa Fe. El 9.7% restante vivía en diferentes ciudades de nuestro país.

La encuesta estuvo activa entre el 15 de diciembre del 2021 y el 28 de febrero del corriente año. Por este motivo, los datos de consumo corresponden al periodo junio/agosto, hasta diciembre/febrero; es decir, un lapso de casi seis meses. 

A continuación, presentamos la tabla realizada por el equipo del Conicet que permite visualizar la prevalencia de personas que consumieron la sustancia al menos una vez en los últimos seis meses, así como también la frecuencia de consumo últimos seis meses en quienes reportaron consumir esa sustancia.

¿Qué nos dice esto entonces? Las sustancias más consumidas en asistentes a contextos recreativos son: alcohol, marihuana, éxtasis, LSD y hongos alucinógenos. No obstante, entre quienes consumen estas sustancias, vemos que la frecuencia de consumo cambia. 

Mientras que el alcohol y la marihuana son sustancias que parecen consumirse con bastante frecuencia (la mayoría de las personas que las consume lo hace una o más veces a la semana), el éxtasis y las sustancias psicodélicas como el LSD y los hongos, a pesar de observarse una prevalencia de consumo bastante alta (más si lo comparamos con la prevalencia de consumo de esta sustancias en población general), su consumo es poco frecuente (la mayoría de las personas que consume estas sustancias, lo hace menos de una vez al mes.

Medidas de protección ante los daños de las drogas

Mediante una pregunta abierta, estos investigadores buscaron conocer qué estrategias emplean con mayor frecuencia con el objetivo de protegerse frente a los potenciales daños de las sustancias. 

Los participantes tenían la posibilidad de listar hasta 10 estrategias. “El análisis de las respuestas a esta pregunta es complicado, ya que, puede que todas las personas hayan puesto las mismas estrategias, pero en diferente orden”, señala Belén Vera a este medio. “Acá hemos tomado la respuesta dada a la primera estrategia que, podemos asumir que es la que más utilizan o la que utilizan con mayor frecuencia”, agrega la doctora.

Como la principal estrategia de protección, los participantes indicaron: 

  • 33%: Hidratación
  • 12.2%: Moderar la cantidad/cuidar la dosis a consumir
  • 11.1%: Alimentarse bien/comer sano
  • 10% Consumir solo en un lugar seguro y con buena compañía
  • 7.5% No mezclar sustancias
  • 3.9% Informarse sobre la sustancias y su procedencia
  • 3.9% Informarse sobre la sustancias y su procedencia
  • 2.5% No manejar un automóvil si se consume sustancias
  • 2.9% Indicó no usar ninguna estrategia

Por otro lado, el 16.8% indicó usar alguna otra estrategia entre las que incluimos descansar bien, hacer actividad física, espaciar las sesiones de consumo (por ejemplo, para algunas sustancias como LSD y éxtasis, algunos participantes indican que lo mejor es hacerlo solo una vez por mes), estar atento a las sensaciones del cuerpo, tomar protectores gástricos, etcétera. 

Para cada estrategia empleada, los investigadores, mediante preguntas abiertas quisieron indagar sobre el principal motivo por el cual utilizaban esa modalidad. Al ser preguntas de naturaleza cualitativa, estas fueron difíciles de cuantificar. 

  • Hidratación: evitar la deshidratación. Evita emborracharse y ayuda a no perder la conciencia. Disminuye la resaca.
  • Alimentación: evitar que el alcohol “pegue” demasiado, evitar resaca. Cuidar el cuerpo. Evitar que se baje la presión.
  • Moderar el consumo/cuidar la dosis: evitar las consecuencias negativas, no pasarse, no perder el control, poder disfrutar más de los efectos positivos. Algunos también señalaron que, con las pastillas, ir de a poco es la forma de saber si realmente tienen lo que dicen tener o si están adulteradas. Precaución. Para saber cómo reacciona el cuerpo ante la sustancia.
  • Consumir en lugar seguro/buena compañía: por seguridad, evitar sentirse expuesto, observado o juzgado, por si sucede algo malo, que otros estén para ayudar y asistir. Aquí muchas mujeres señalaron que lo hacen por ser mujeres y que, al estar bajo los efectos de las sustancias son más vulnerables.
  • No mezclar: porque incrementa los efectos indeseados y desconocidos. Evitar desmayos y pérdida de conocimiento.
  • Informarse: para saber lo que se va a consumir y qué efectos esperar. Para evitar consumir sustancias adulteradas.
  • No manejar: para prevenir accidentes y no correr riesgo uno ni poner en riesgo a terceros.

Las fuentes de información utilizadas con mayor frecuencia entonces fueron amigos, internet en general, sitios web y redes sociales de ONG dedicadas a las RRDD y las redes sociales en general.

Sin embargo, cuando este equipo de investigación indagó por la confianza percibida en cada una de estas fuentes de información encontraron que, las fuentes de información percibidas como más confiables son: la literatura científica (libros y artículos científicos), los sitios web y redes sociales de ONG dedicadas a las RRDD, médicos y profesionales de la salud y sitios gubernamentales. 

Llamativamente tres de las fuentes de información percibidas como más confiables no son utilizadas con frecuencia, una cuestión que incomoda a los investigadores y les hace repensar en un “porqué”.

¿Qué está pasando con la educación de la cuestión?

Para concluir el estudio, con el objetivo de recolectar información para el desarrollo de la app, se les preguntó a los participantes qué tan útil les parecía (del 1 al 10) una serie de funcionalidades que podrían ser incluidas en la webapp.

Como se puede apreciar, todas las funcionalidades listadas, a excepción de la información acerca del estado legal de las sustancias, han sido puntuadas con valores altos que indican una alta utilidad percibida.  Tras el feedback, Belén indica que el proceso fue “súper rico” para el equipo debido a que gracias a este último, han sacado ideas de funcionalidades que no estuvieron planteadas inicialmente para la web.

“¿Por qué razón al fin y al cabo utilizan fuentes de información que en principio califican como poco confiable y las que les resultan más confiables no las utilizan o no las consultan?”, se cuestiona la investigadora. “Si estoy pensando como un nuevo proyecto de pensar como en esto de barrera para la protección, es decir ¿Qué factores hacen que las personas se protejan menos y qué factores hacen que las personas consulten poco?”, se replantea. 

“Por ahí, hay profesionales de la salud que están haciendo mal debido a que la gente no se siente con la confianza suficiente para consultarle respecto a estas cuestiones. Y eso sí me parece que es porque generalmente el consumo de sustancias se aborda más de una perspectiva judicial y no de salud. Entonces tengo la sensación que los usuarios de sustancias psicoactivas no hacen este tipo de consulta por miedo”, critica Belén Vera.  

“¿Qué está pasando? Al final nuestra información siempre queda entre quienes nos dedicamos a la investigación. A mí no me interesa que la comunidad científica lea mis resultados. A mí me interesa que eso salga a la población”, manifiesta Vera ante la situación actual donde hay poca divulgación. 

 ¿Qué estamos haciendo mal?” , se cuestiona por último la doctora en pos de colaborar a solucionar esta gran problemática.

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