Fiestas en Córdoba: ¿por qué no con burbujas?

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Las fiestas clandestinas son algo normal y muchos de los lugares habilitados ya no respetan los protocolos vigentes. La realidad es innegable: la gente necesita bailar. Hay formatos seguros para esto, pero Córdoba no los permite. ¿Seguridad sanitaria o falta de interés?

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Fiestas con burbujas en Virgin Money Unity Arena, en el Reino Unido. Foto: Owen Humphreys/PA Wire.

Estamos por cumplir casi un año de pandemia y mucha agua ha pasado debajo del puente. Todos los rubros, casi sin excepción, debieron adaptarse para seguir funcionando. El mundo no paró, pese a estar “guardado”.

En este mar de dudas, la actividad de las fiestas y los espectáculos públicos fue de las primeras en cerrar y de las últimas en volver. De entrada supimos que las aglomeraciones de gente significaba un riesgo altísimo para el virus contra el que estamos luchando, por lo que parecen hasta lógicas las medidas.

Hoy ya no estamos en marzo del 2020. Ya no hay rubros que no estén funcionando, donde se incluyen los eventos, que en Córdoba desde diciembre ya están permitidos. Pero, ¿cómo están permitidos? Ya quedó atrás la alegría por simplemente volver y ahora hay otros puntos de conflicto.

¿Cómo estamos ahora?

En Córdoba hay permiso para hacer eventos con público sentado. Lo hacen puntos como la Plaza de la Música, el Espacio Quality y otros lugares más pequeños. En su momento fue importante sólo volver, pero es evidente que ya no es suficiente.

Hay ciertos tipos de eventos en los que no hay mucha diferencia: pueden disfrutarse sentados. Pero, ¿qué hacemos con los eventos de música bailable, como la música electrónica? La primera respuesta es que quedan cortos, ¿no? ¡Qué difícil se hace imaginar música electrónica sin baile!

Pero no hay muchas vueltas que darle: es imposible pensar fiestas con baile como las conocíamos antes de la pandemia. Ni en el corto ni en el mediano plazo. Simplemente no va a pasar hasta que bastante más de la mitad de la población esté vacunada. Por más que lloremos, pataleemos y nos encaprichemos, no es algo posible.

A finales de 2020 el Espacio Quality realizó un prototipo de show con burbujas sociales.

Hasta acá vamos más o menos encaminados, ¿no? No se dijo nada que ya no se sepa o que no nos hayan hecho saber a través de los medios de comunicación y la opinión pública. ¿Es sensato pensar que las medidas son lógicas? Si. Ahora bien, ¿la gente dejó de bailar por la pandemia? Definitivamente no.

La realidad no se tapa

Suele pasar que hay cosas que suenan bien en nuestras cabezas pero cuando las llevamos a la práctica no eran tan perfectas como pensábamos. Hablando puntualmente del tema de las fiestas, desde el gobierno quizás pensaron que prohibiendo que la gente baile, la gente, bueno… no iba a bailar nunca más.

No sé si fue una apuesta, una ilusión o un manotazo de ahogado, pero la realidad mostró otra cosa. La gente necesita bailar. Y acá no estamos haciendo juicio de valor, no estamos diciendo que esté bien o mal. Sólo estamos diciendo lo que pasa, lo que está pasando. 

La sociedad no está en sus casas. Los jóvenes están en las calles, en las fiestas clandestinas, en reuniones sociales privadas. Y acá nos topamos con una constante en los gobiernos argentinos: lo que no se puede controlar, se prohíbe. Pasó con el aborto, pasa con la marihuana u otras sustancias psicoactivas, con el aceite de cannabis y más etcéteras.

Habrá argumentos a favor y en contra, pero no se puede tapar el sol con las manos. A lo largo de la historia quedó comprobado que lo que no se permite, lo que se prohíbe legalmente, busca su lugar en la ilegalidad, en los márgenes, ahí donde lo legal no alcanza, por acción u omisión. Y la ecuación es simple: legal = seguro, ilegal = inseguro.

Y entonces, ¿qué está pasando?

Si estás a favor de las medidas y llegaste hasta acá, quizás estés pensando “Y bueno, ¿qué querés hacer? ¿que permitan todo y generemos un pico de contagios?”. Te entiendo y comparto. El tema está en que, otra constante de los argentinos, en este país estamos acostumbrados a los extremos.

Pero hay términos medios. En Europa y ciudades como Buenos Aires o Tucumán se llevan adelante fiestas o eventos con burbujas sociales. Hay diversos formatos pero el concepto básico es permitir que el público esté parado y bailando, dentro de burbujas sociales de entre 5 a 10 personas, con vallas o cercas que limiten cada burbuja y sin permiso de circular.

Mandarine Park, en la ciudad de Buenos Aires. Foto: Gustavo Calvo - @photocalvo

En criollo: exactamente lo mismo que una mesa en un bar, pero parados. El resto es igual: obligación de usar barbijo, sólo se puede circular a los baños, mozos/as atienden cada mesa/burbuja. Desde afuera puede parecer un capricho pero lo que quizás no entienden aquellos que toman decisiones es que permitir que la gente esté parada es un cambio crucial en el comportamiento.

Vamos a un caso testigo: La Estación este fin de semana que pasó. Mesas con gente sentada, el público no aguantó no poder bailar y se paró. El protocolo se desmadró y no se quiso o no se pudo controlar a 800 personas. La pregunta es: ¿qué diferencia hubiera habido si se permitían burbujas sociales?

La gente se paraba, bailaba y hoy no estaríamos con esta “polémica” que se instaló. 

Prevenir antes que curar

Creer que por prohibir las fiestas la gente iba a acatar sin chistar es, como mínimo, ingenuo. Hoy las fiestas clandestinas son algo habitual. Basta con mandar dos o tres mensajes de WhatsApp para que te llegue un flyer con un line-up completo, horarios y hasta el valor de la entrada. No hace falta ser detective.

Pero ya hasta ni de fiestas clandestinas hace falta hablar. Hoy, muchísimos establecimientos habilitados ya no cumplen el protocolo. Cierran las puertas de los bares y liberan el baile o directamente levantan las mesas dispuestas para poder armar una pista. Hay una impunidad total y una falta de control delirante. No pasa sólo en la música electrónica, ocurre en cualquier tipo de evento o lugar que se nos ocurra.

Desde el gobierno se dijo que no había estructura para controlar todo, que era “imposible”, que no hay ni recurso humano ni elementos para atacar esta realidad. Pero esto es comprensible hasta el punto en el que es claro que ya hay una situación que se escapó de las manos.

Y en ese contexto, ¿no es mejor brindar un contexto seguro para aquello que ya ocurre en la ilegalidad? Otra constante en Argentina: no existe la anticipación, sólo se actúa post-catástrofe.

Patrick
Patrick Topping se presentó en el Virgin Money Unity Arena.

Cuando se habla de legalizar la marihuana, por ejemplo, esto es lo que se llama “prevención de riesgos”. Significa que, al haber algo inevitable, se debe trabajar para que el impacto de esa acción sea el menor posible. Con esto sería lo mismo: si ya se sabe que la gente se junta a bailar, ¿por qué no mejor brindar un contexto seguro para que eso suceda en vez de seguir negando la realidad?

Que otras grandes ciudades estén buscando otras soluciones y que en Córdoba no se caiga otra idea más que la prohibición, ¿no debería, al menos, hacer que el gobierno se cuestione algunas cosas?

Está comprobado a nivel global que los formatos de fiestas con burbujas sociales son seguros y ya se vienen implementando, ¿cuál es la justificación para no aplicarlos? ¿Por qué se insiste en barrer la mugre debajo de la alfombra? ¿Cuál es el motivo por el cual no se piensa en soluciones superadoras a un problema y nos quedamos sólo en la prohibición?

El rol de un Estado presente es anticiparse a las situaciones, porque si nos quedamos en el parche seguimos perdiendo aceite por todos lados, creyendo en que estamos atacando el problema cuando sólo acariciamos la punta del iceberg.

Se necesitan contextos seguros para bailar. No por capricho, ni por berrinche. Son necesarios los eventos con burbujas para no seguir tapando el sol con el dedo. Usando la terminología médica, que tan popular es hoy en día, es un tema de salud pública.

Quien no quiera entenderlo, estará deliberadamente mirando para otro lado y colaborando con la ilegalidad. Abran los ojos, que está a la vista de todos.

KAPANGA
Kapanga presentó su 25° Aniversario en Mandarine Park, con burbujas sociales.

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