Martín Huergo, “El Caudillo Del Caos”

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Por Guadalupe Rodríguez y Santiago Miranda

DJ old school de la escena de Córdoba. Reconocido por el público como “Mejor DJ Legendario”, por segunda vez consecutiva, en #LoMejor de la electrónica de Córdoba. Hablamos con uno de los promotores de MEED sobre el panorama de la música electrónica en general.

Una expresión se repite una y otra vez en el rostro de Martín Huergo. Rodeados por el espacio que divide su inconfundible y lacia melena, sus ojos se abren mientras frunce sus labios hacia arriba, levanta la cejas y asiente con la cabeza, como quien estuviese buscando complicidad antes o después de revelar algo. Con estos gestos, Martín suele acompañar momentos pensativos, reflexiones constantes expresadas en frases como: “Hay que saber que esto sube y en otro momento baja, y después vuelve a subir.”

Esa concepción cíclica sobre las cosas, que dicta que todo vuelve a ocurrir de nuevo, lo pintan como una especie de oráculo. Pero la percepción es más profunda, casi sociológica, la de alguien que sabe interpretar climas sociales y culturales. Esta probablemente sea la misma visión que maneja para la lectura de pista en las fiestas, cuando se alza sobre sus bandejas para poner a una multitud de jóvenes a bailar.

El DJ y productor de eventos cordobés está tranquilo. Quizás esa paz se apoya en la sorprendente y sólida trayectoria que supo construir desde hace ya treinta años, cuando pasó de poner música en fiestas de quince y casamientos a adentrarse en la escena electrónica emergente de Córdoba durante los noventa, primero como espectador y luego como pinchadiscos. A partir de allí trazó una recorrido ascendente que lo llevó a consolidarse como uno de los grandes referentes de la escena argentina y a posicionar su nombre en el plano internacional, haciendo giras por Europa y distintos países del mundo. Además de esta experiencia, a su currículum se le suma un ya largo camino como organizador de fiestas junto a su productora MEED, una de las empresas de eventos de electrónica con más trabajo en Argentina. 

Durante estas tres décadas Huergo fue testigo del surgimiento y evolución de la cultura electrónica local, así como de sus vaivenes. “No me gusta tanto la cresta de la ola, me gustan más los mares”, dice. Pero cuando la ola rompe y el caos inunda la escena, él se mentaliza, para la pelota y pone el pecho, porque sabe que todo se cae, pero la música siempre vuelve. 

Sentado cómodamente en el sillón del primer piso de un café del centro, con una taza de mate cocido sobre la mesa, Martín Huergo toma perspectiva y cuenta sobre el pasado, presente y futuro de la escena electrónica local.

– ¿Cómo fue la gestación de la escena en la ciudad a partir de tu inserción? 

– Todo se fue dando. Yo empecé a poner música con cassettes. En los ’80 comenzaron a aparecer bandas que tenían más sonidos de máquinas que otras, empezaba a haber tendencias de a poco: había disc jockeys, rockeros y otros que eran más modernitos y ponían cosas de new wave y de electrónica. Yo tardé en aceptar la música electrónica, pero algunos discos me alucinaban. Todos los DJs son fanáticos de Depeche Mode y New Order, yo venía de otra historia musical: tocaba jazz y en mi familia hay mucho tango, mucha bossa nova. Tenía hermanos más grandes por los que accedía a toda la música. Entonces al principio por ahí me costaba un poco “coparme” de verdad. Pero siempre fui muy sincero conmigo mismo y en un momento empecé a agarrar algunos discos que me gustaban. Sobre todo un cassette en el que había diez temas enganchados. Entendí que ahí había algo interesante y tenía que ver un poquito más con el viaje que me proponía diez temas seguidos. Agarrar y comparar una canción de Technotronic contra una canción de AC/DC. No era lo mismo, eran cosas diferentes y las dos estaban buenas. En esa época -a fines de los ‘80 y comienzos de los ‘90- sale Violator (1990) de Depeche Mode, que fue un discazo que me pasé horas escuchando, más allá de que nunca fui fanático de la banda. Y en un momento ya era lo que empezaba a pasar en los clubes. 

– ¿Cuáles eran estos clubes? 

– Se daba en FlyDisco, en Factory y El Sol es el lugar que lo consolida todo. Igual todas las consolidaciones después se desconsolidaron. Sobre todo porque cuando parece que todos son fanáticos de algo, en un año hacen todos así (mira para otro lado). En un momento, en todos los lugares de Córdoba había música electrónica. Ibas a un bar cervecero para escuchar los Rolling Stones y pedirte una birra, y había un boludo con una bandeja. Yo decía: “No está bueno esto”, se iba a caer. Y en el 99 se cayó, pasó lo mismo después en 2008/2009.

– ¿A qué le llamás “se cayó”? 

– Se cayó todo. De golpe los clubes dejaron de poner música electrónica y nos echaron de todos lados. Buscaron alternativas, otros cerraron. En ese momento me estaba recibiendo de periodista y ponía Rock&Roll en un bar. Un día en la semana ponía un set medio funky de electrónica, como temas de Jamiroquai, y otros de rock con base de electrónica. Era un lindo set de tres horas para tocar y escuchar. Y lo variaba, le buscaba siempre la alternativa, me gustaba mucho. Y me empezaron a decir que ponga electrónica vieja. Los de Factory, donde trabajaba de relaciones públicas, me dijeron: “Si no hacés esto vos, vamos a llamar a uno que ponga Rodrigo”, que en esos años era la moda. Ese momento fue el menos profesional, porque yo trabajaba en tres radios, escribía en dos medios y en una página de Internet, estaba en otra. Y me gustaba hacer lo de los sets, me pareció lindo y arranqué con eso. A los tres meses de haberme recibido de periodismo definí mi carrera de DJ de nuevo y decidí que iba a ser mi principal actividad. Empecé a laburar con otros bares y retomo Factory después de la crisis. El Sol ya había cerrado, La Sala y Hangar 18 también. Ya para octubre del 2000 tocaba solamente en Factory. Y encontré una electrónica que la gente digería. Fue en una época de crisis. 

A Huergo le gusta usar el término “crisis” para referirse a lo que sucedió a fines de las últimas dos décadas en la escena nacional: en 1999 después de alcanzar su primer gran pico de popularidad, la música electrónica argentina tocó techo y los clubes referentes de la ciudad o cerraron sus puertas o buscaron alternativas dentro y fuera del género para reinventarse. Diez años después la movida se saturó nuevamente y sucedió lo mismo. Lo que quizás distingue a Martín del resto es que entiende estos momentos, sabe que son parte de un ciclo natural: la escena se desarma para rearmarse de nuevo y volver a desarmarse después. Y esta comprensión del movimiento, sumada a su incondicional amor por la música, le han permitido tomar las decisiones acertadas en los contextos más desoladores, transformando las crisis en puntos de inflexión tanto para su carrera como para la de sus pares.

La primera de esas decisiones fue la de abocarse de forma total a su oficio musical, camino que lo llevó a convertirse en uno de los referentes pos-crisis del circuito local. Así adquirió un nombre en Argentina y lo comenzaron a llamar de otras ciudades del país, mientras la escena articulaba su reconstrucción. Para 2002 tuvo la oportunidad de embarcarse en una primera gira internacional por Brasil y ya a los pocos años llegó a suelo europeo, convirtiéndose incluso en una fija de la movida catalana.

La otra decisión la tomó tras su regreso de una gira por el viejo continente, casi una década después, y fue la que desembocó en su otro gran proyecto personal: MEED Producciones.

– ¿Cuándo se derrumbó todo de nuevo? 

– Todo se repitió en 2009 cuando volví de Europa, es algo que marcó mi carrera. Había hecho muchos gigs (29 presentaciones en cuarenta y cinco días). Y en el aeropuerto de Chile me avisaron que no iban a poner más electrónica en dos clubs donde yo tocaba. Llegué a Mitre y en la primer noche me sacaron. Finalmente, me terminaron echando de cuatro clubes en dos semanas. Era la época de Daddy Yankee, se puso muy McDonalds toda la escena. Pasaron los DJs de casamiento a tocar en los clubes y hasta nos boludeaban. Era muy difícil. 

– ¿A qué le atribuís eso? 

– A errores de la misma escena, que a veces se pone muy conceptual y aburrida. Hubo un tiempo en 2008 que el Minimal estuvo demasiado de moda, y un Minimal muy aburrido. Era todo música con gotitas de agua y la gente necesitaba un poquito más de sangre. Eso perjudicó un montón. Yo soy enemigo de algunos subgéneros, de los estilos que hacen que la gente venga y no se divierta. Repito, fue una crisis mundial. Y en ese momento tenía dos opciones: o me iba a vivir a Europa, donde me iba bastante bien, o me quedaba y empezaba a producir eventos, a riesgo de que sea el fin de mi carrera. Ahí arranqué hacer Green Park y Música en el Desierto. Me quedé acá a producir, a la vez que tocaba. Siempre me quedé con la incógnita de si ese era el momento de irme. 

Musica en el Desierto - Primera Edición

– ¿Había un público que esperaba que vuelva la música? 

No se lo veía disconforme al público en general, porque cuando había propuestas no iban. 2009 fue un año muy patético: el dengue, la gripe A, Daddy Yankee y David Guetta. Además resurgieron cosas como Vilma Palma y Pocho la Pantera, todos los de los noventa, pero los malos. Era gracioso, pero un desastre. La gente decía: “¡Oh, qué divertido!” ¡¿Cómo divertido?! ¡Estamos perdidos! Pibes de dieciocho años iban a ver a Sergio Denis (¡¿Qué te puede dar Sergio Denis?!) En ese momento aparecieron los mash ups que te mezclaban Cypress Hill con Natalia Oreiro. Esos dos años fueron muy jodidos.Pero sí había un under que esperaba. Sobre todo había muchos públicos que no se unían. Eso fue la principal idea que alimentó Música en el Desierto. La fiesta se me ocurre manejando a San Juan en el auto. Empecé a pensar: “Si hay chicos que hacen una fiesta en una casa de barrio Observatorio y meten cien personas; si están estos otros que hacen una fiesta de house en un barcito de Nueva Córdoba y meten también sus cien; si están los otros que hace una fiesta de minimal en Unquillo y meten ciento cincuenta; y nosotros en nuestras fiestitas metemos doscientos o trescientos: Hagamos una fiesta donde juntemos todo”. En el primer Música del Desierto metimos tres mil personas. Al siguiente seis mil, después siete mil hasta llegar a diez mil, y todo con DJs de Córdoba. 

– En una entrevista para Tripping Tv también dijiste que el público joven y la explosión estudiantil en Córdoba fueron una de las razones por las que decidiste quedarte.

– Córdoba siempre fue una ciudad bastante clasista, separada por barrios. Y de golpe la zona de Nueva Córdoba agarró una fuerza tremenda. Apareció gente que no le importaba todo el verso burgués que tenía la ciudad, ni ningún tipo de clasificación social y cultural, le chupaba un huevo todo lo que estaba escrito de lo que tenía que ser Córdoba. Empezó a haber un aire mucho más fresco. No era gente de la electrónica, pero se venía a divertir. A mí me creció mucho la carrera cuando capto a los estudiantes y me hicieron conocido en sus ciudades. Me llamaban de lugares insólitos. Ya no era Río Cuarto y Villa María: era San Francisco, Capilla del Monte, Hernando, Marcos Juárez, Bell Ville. Era todo el interior de Córdoba por el estudiante que vino y empezó a salir los jueves a Mitre, a Peekaboo o a Casa Babylon. Se desperdigaron todos y empezaron a ir a eventos masivos. De golpe estaba adentro, me llamaban de todo el país. Yo no tenía agencia, agarraba mis discos, me subía al bondi y me iba a tocar a cualquier lado. Tuve que pelearla mucho y no tuve nadie – en especial que me haya ayudado, aunque sí tuve momentos y clubes donde fui muy local. 

Promoción de Huergo en Pikaa, club de Córdoba

– ¿Ves muy difícil hoy que un DJ de Córdoba quiera progresar y hacerse reconocido?

– Esta frase no es mía (aclara que le pertenece Facu, un amigo de Carlos Paz): “Lo único que necesitás hoy es una silla cómoda”. Eso, necesitás sentarte y laburar: hacer música, hacer música y hacer música. Cuando yo estaba era distinto, éramos DJs. Ahora tienen que ser productores musicales.

– ¿Hay un público más exigente? 

– No. Ellos creen que son exigentes. La mayoría de la gente que sale a bailar no sabe nada, pero les encanta hablar. En ese sentido, las redes sociales son una linda exposición para que la gente que no tiene idea diga lo que le parece y hable boludeces. Pero también hay muchísimo público súper entendido en la ciudad. Lo que pasa es que hay mucho entendido y mucho que cree que lo es. Generalmente el que habla es el que lo cree.

– ¿En qué momento está la escena de Córdoba? 

– Hay muchos cachengueros produciendo electrónica y muchos cachengueros bailando electrónica. Hay productoras de cuarteto que están produciendo eventos y hay mucho público nuevo. Eso está buenísimo, pero es de esos públicos que de repente se van todos porque sí. A mí no me gusta tanto la cresta de la ola, me gustan más los mares.

– ¿Ahora estamos en una cresta? 

– Ahora el pop no vende tickets, el rock tampoco. No hay recitales que llenen, y en los que hay no pasa nada. Los boliches de verano que antes cortaban siete mil entradas para bailar Daddy Yankee hoy están cerrados. Y no está bueno, porque están buscando algo en la música electrónica que no van a encontrar. Esta subida nos avisa que en algún momento va haber una caída. Pero acá vamos a estar. 

– ¿Eso se renueva desde lo musical y la producción de eventos? 

Sí. Córdoba siempre tuvo gente y una elección sofisticada, ya sea en sus DJs y en sus promotores. No hay escena de música comercial en Córdoba, nunca hubo. Eso hizo que la ciudad sea distinta y esté por un paso encima de Rosario y Buenos Aires.

– ¿Tuviste miedo a las críticas? 

– Todos tenemos miedos. A mí me criticaban mucho y me afectaba. Toda la vida lo hicieron: unos decían que muy arriba, otros que muy abajo, otro que no le gustaba como tenía el pelo, otro que decía que era un pelotudo. Y encima todos tenían un poco de razón en cada cosa (risas), salvo algunas cosas que ya eran demasiado injustas. Y de golpe miraba a los que me criticaban y eran pibitos que los veía en los boliches de cachengue seis meses atrás, no sabían ni de lo que hablaban. Así yo sufrí un montón, y más allá de que ahora lo entiendo, lo sigo sufriendo. La única época que a mí no me fue bien, que yo dejé de tocar mucho en Córdoba, fue en 2009/2010, después de la crisis. Ya en el 2011 con Música en el Desierto me había olvidado de las críticas. Pero un día abro el foro y veo a todos cagandome a palos. Claro, me estaba yendo bien de nuevo. “Ah bueno, era así”. 

Música en el Desierto - Quinta Edición
Música en el Desierto - Sexta Edición

– ¿Qué problema tiene la crítica?

– Una falta de panorama. Ver las cosas de un solo lado, o desde el lado que la ven y del que necesitan verla. Desde el comentario del que está sentado quejándose y hablando mal de todo lo nuevo o lo que tenga un gustito más mainstream. Una vez fui a buscar a Rosario a Troy Pierce (artista de minimal) para que tocara en La Fábrica. Estuvimos todo el viaje hablando y él me dice: “Underground music doesn’t have to be unsuccessful”. El under no tiene porque no ser exitoso. 

– Pensando ahora en el público. ¿La electrónica está asociada a una clase/grupo social o trasciende eso?

Hoy no. En un principio estuvo asociada a una clase social, a una elite. Éramos muy pocos en sus comienzos. Después hubo un cambio absoluto…. Era un movimiento súper underground, de resistencia. Y después, en un momento los que bailaban electrónica eran totalmente lo contrario. Hoy hay de todo, todo tipo de clases sociales y culturales. Me gusta mucho eso. Estamos en un buen momento del zoológico.

– A Córdoba viene gente de todos lados y bajo un sentido de unión muy fuerte.

– Cuando hice Música en el Desierto los guardias me decían: “Che, no se pelean”. En 2009 yo pensaba: “¿Realmente estamos condenados a esto?”. Aparte el contexto te quita panorama. Cuando me meto mucho en algo necesito irme, sentarme solo y ver todo desde un dron. En ese momento necesitaba subirme al borde y mirar desde arriba, pensar un ratito y analizar todo. Dije: “Esto tiene que ser más” y apareció Música en el Desierto como la puerta a todo. Había que bancar los trapos. Te diría que hasta con una especie de orgullo, como una hidalguía, como un caudillo del caos. Como: “Che, acá vengo a bancarla. Allá están bailando música de jamón y queso. Acá hay caos, somos nosotros y es así la llama (hace un gesto de chiquito con la mano), pero está y esto va volver.” 

– Con todo lo que contaste: desde lo musical, el público, la producción y la movida en general ¿qué es es lo que le espera a la escena tanto en Córdoba como en Argentina? 

– Es impredecible. Creo que algunos van a tirar la toalla, porque está habiendo mucho y va haber menos. No hay plata para todo lo que está pasando. La tendencia hoy es hacer menos y más seguro. Nosotros (Meed Producciones) estamos en eso. Va ganar el más vivo, el rápido que sepa adaptarse a las circunstancias. El panorama es muy movedizo, a las reglas no las impone el productor, las impone la actualidad del país y el público. Si vos crees que estás encima de todo lo que pasa, te vivís cagando a palos. Entonces, podés ser mucho más cuidadoso. Los grandes van a quedar, pero hay que estar muy despiertos y atentos a lo que pasa. Hay que tener mucha percepción, estar con la gente, bajarse un poco del caballo y ser más humilde. Ver qué pasa, qué quieren, qué dicen, qué música sale, qué pasa en otros lados y ver cómo se baja acá. Pisar un poco el fútbol, está todo muy desenfrenado. Hacer menos y mejor.

– ¿Y a vos?

– (Frente a la pregunta Martín agarra su teléfono celular y nos muestra en pantalla una planilla con la ajustadisima agenda de shows que lo espera para los próximos meses. Tras esbozar unas risas que bien podría anticipar el hastío por la cantidad de presentaciones a porvenir, su respuesta revela una modestia discreta) 

Soy el DJ que más trabaja en Argentina. No soy el que más cobra ni al que mejor le va, pero trabajo mucho. Por suerte, como DJ, tengo mucho trabajo porque amo este oficio y disfruto mucho pasar música. Ni siquiera lo hago por dinero. Es pasión y es lo que me importa.-

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