Franco Cinelli y un destino marcado por la melomanía

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El ícono rosarino de la electrónica y su “leve” obsesión con la música lo han encaminado a una vida llena de experiencias artísticas en contextos temporales y espaciales completamente distintos entre sí. En diálogo con Córdoba Beat, compartió su historia, sus inspiraciones y la convivencia con el panorama de la escena actual.

Franco Cinelli

Si de Franco Cinelli hablamos, resulta inexorable el hecho de caracterizarlo con la melomanía. A diferencia de otras manías, la melomanía no es considerada como un trastorno psicológico o una enfermedad, ya que simplemente trata de una persona sintiendo pasión y que dedica plenamente su tiempo y dinero al disfrute del arte de la música. 

A Cinelli, ese rótulo le queda impecable: con 42 años y residiendo en la ciudad de Rosario, es de esos DJs y productores que gracias a su afán casi exclusivo por lo musical, terminan convirtiéndose en sabios. Sus vastos conocimientos relacionados con distintos géneros han solidificado una carrera llena de experiencias a nivel internacional y que concretan su prestigio en la escena electrónica argentina.

Comenzó su carrera desde muy temprana edad guiado por su padre, Osvaldo Cinelli, ingeniero de sonido. Franco empezó a editar sus primeras producciones a partir del año 2001. Al día de hoy cuenta con más de 40 releases propios, 3 álbumes, 100 remixes y diversas colaboraciones con varios artistas de todo el mundo.

Raum Musik, Girada Unlimited, Bass Culture, Pleasure Zone, The Untold Stories, Savor Music, Ilian Tape, Hello? Repeat, Esperanza Records, Traut Musik, entre otros, fueron los sellos que han refugiado su música.

Un laboratorio musical y un legado familiar 

Franco se empezó a familiarizar con la música desde una edad temprana gracias a la vocación de su padre, Osvaldo, quien se dedicaba a la ingeniería de audio. Osvaldo producía desde equipos de sonido, montajes, maquetaciones exclusivas de parlantes y amplificadores, hasta diseño de audio de discotecas, estudios de grabación, home listening. Sin su padre, el DJ expresa que no hubiera sido posible tener el conocimiento musical que actualmente posee, debido a que “era muy chico” para escuchar contenido tan “sofisticado” por su propia cuenta.

En la morada Cinelli sonaba Prince, Parliament Funkadelic, Curtis Low, Peter Gabriel, Pink Floyd y mucha música clásica. Franco sacó provecho de todo el material que tenía al alcance: “Agarrando tapas de los discos, investigando y reuniendo fragmentos de las cosas que me compartía mi padre, fui descubriendo contenido. Posteriormente vino un proceso en el que empecé a ir a las instalaciones de las discotecas. Me quedaba en la cabina del DJ y apreciaba su trabajo” , cuenta el productor.

Franco Cinelli

Desde las raíces, Franco se encontró ante un contexto en el que en las discotecas no se pasaba un solo estilo de música y los DJ´s eran más que todo residentes. “En esos tiempos, el climax tenía que estar conformado por todas las ramas musicales” expresa el rosarino.

Cinelli, con la suerte de vivir en un taller de electrónica lleno de equipos como bandejas, mezcladoras, bafles, grabadores, entre otras chucherías mecánicas, daba los primeros pasos de su carrera poniendo música en las fiestas del colegio, utilizando vinilos y casetes. “De a poco fui reconstruyendo mi grupo de amigos donde poníamos música en cualquier lugar que pinte”, cuenta el rosarino. 

Cabe reconocer que en los inicios de este astro rosarino, el contexto era muy diferente al contemporáneo. Cinelli explica que en ese entonces, “la profesión de Diskjockey era algo de gente profesional y de mucho tiempo. Todos de 30 años para arriba, no existían los DJs de 16 años como ahora que tienen toda la tecnología en la mano para ponerse a mezclar música o como para ponerse a producir”.

Rosario siempre estuvo cerca

Rosario es la ciudad en la que Cinelli se crió rodeado de astros. La gran carga de talento rosarino no es algo que sorprenda a Franco: “Hay artistas plásticos increíbles que han trascendido en el mundo, fotógrafos, músicos de todo el abanico musical, DJs, productores. Casi que pareciera que hablamos de un “leitmotiv” del despertar artístico, por estar muy cerca de Buenos Aires y Córdoba”, manifiesta. 

Los artistas rosarinos favoritos de Franco son Jorge Savoretti, con quien han compartido amistad desde unos tempranos quince años, Nico Kurman (DJ, Productor y una pieza fundamental en la escena rosarina) y Tomas Caturla. De este último, Cinelli cuenta que fue residente de una de las mejores discotecas que hubo en los 80 y 90, donde se encargó de traer música muy avanzada para el momento como New Order, Pet Shop Boys y The Cure (algo que luego fue decantando en el house). 

Con Caturla, Cinelli ha realizado en fiestas en plazas que incluían un sistema de sonido que transformaban las tardes rosarinas en un tiempo agradable para estar con amigos, tomar sol y bailar. “Con el tiempo todo eso se ha dejado de hacer, pero fue cuna de algo muy interesante que se gestó acá. No aclarabas que ibas a poner música electrónica porque la municipalidad ni se preocupaba en lo que ibas a poner. Eran tiempos mucho más pacíficos” expresa el productor.

¿Fernet con Coca y Cinelli?

El paso de Franco por la docta no es desapercibido: desde los 90, el rosarino ha dejado su huella en muchos clubes y eventos realizados en la ciudad. “Córdoba me encanta, creo que siempre ha tenido una escena muy importante y considerable. En los tempranos noventas, había ciertas discotecas que hasta estaban al nivel de Buenos Aires, se ponía música increíble” dice Franco, y automáticamente trae a colación a compinches como Simbad, Bruno Chaix, Cristobal Paz, Facundo Carri y Martín Bellomo. “Todos ellos eran como venidos del futuro” comenta. 

En cuanto a la gran capital cosmopolita del país, Buenos Aires, Cinelli cuenta que para la época de los 80s y 90s, esta industria del espectáculo porteña era vista como algo extraterrestre. Explica que esto se debía a que estaban mucho más en contacto con Estados Unidos y Europa, de donde provenía material artístico exclusivo.  

Llenando el pasaporte

El pasaporte de Franco se empezó a llenar de tinta desde su primer tour europeo en 2003. Bandejas de reconocidos clubes y festivales alrededor de América Latina y el viejo continente fueron testigos del rosarino, quien dejó su huella en lugares como Tresor y Watergate (Berlín); Rex Club, Concrete y Concorde Atlantique (París); Lightbox (Londres); Gazcolder Gallery (Moscú); Ushuaia, Destino, Privilege, Amnesia, Space y Underground (Ibiza) y en eventos masivos como Creamfields, Time Warp, Mutek y DGTL.

Cinelli cuenta a Córdoba Beat que al principio de su salto internacional, la situación fue como “una peli que no vio nunca”. “Yo hacía la música en mi casa y todavía estaba recién empezando a viajar a Europa a experimentar, conocer gente y a tocar en clubes pequeños. No era consciente de que mi música estaba dando vueltas por el mundo con muy buena reacción y aceptación de los artistas” atestigua el DJ. 

De a poco, el rosarino fue materializando y decantando su posicionamiento como artista. Expresa que los músicos que idolatraba e idolatra, “sus héroes”, ahora estaban tocando su música: “De repente me mostraban un video de algún artista tocando en Europa mi música y la gente bailando en fiestas súper. Pensaba ¡esto no puede ser real, esto es utópico!”, comenta con alegría el DJ. “Fue como un click en la cabeza y pasar a otra etapa. Entender lo que generás en el público es algo difícil de explicar con palabras. Es como una inyección de energía que te da un panorama 360 nuevo” concluye. 

La buena referencia a nivel extranjero llevó a que Cinelli comenzara a compartir cabina con artistas de gran porte como Loco Dice, Richie Hawtin y Sven Väth, Seth Troxler, Charlotte de Witte, KiNK, UNUM, D´Julz, Luciano y Ricardo Villalobos. 

Franco tiene presente una buena relación con sus compañeros latinoamericanos: “Ricardo es una persona súper simple, podes interactuar con él en cualquier tipo de situación. Podes hasta tomar una coca en la vereda” cuenta sobre Villalobos. “Fueron estos tipos experimentados los que me han ayudado un montón y me han conectado con el universo en el que ellos estaban. Fue mi suerte de estar en el lugar indicado” asegura acerca de su amistad con D´Julz y Luciano.

Los discos vuelven a volar

El brutal contexto de pandemia estancó la producción de lanzamientos y discos. Sin embargo, en las últimas semanas los aviones empezaron a volar de nuevo. “Los discos están empezando a volar, ya el material empezó a distribuirse” sostiene Franco, quien siempre se centra en producir solo discos de vinilo. 

Cinelli se considera un romántico en este debate de digital y físico: “He hecho cosas en digital pero siempre me sedujo mas el trabajo del vinilo por su sonido, por cuestiones físicas. El digital está increíble pero es algo como que no es tangible, no tengo nada” manifiesta.

El rosarino supo sobrellevar la cuarentena como un amante de la música lo hubiera hecho. Al principio, se llevó una desilusión debido a que el corriente año es el que venía artísticamente soñando como productor y DJ. “Fue un shock para mí y el primer mes ni entré al estudio. No me nacía” afirma con lástima. “Me la pasaba escuchando discos e investigando como lo hago siempre pero sin producir. Me atrapó mucho más la escucha y el estar relajado” concluye.

Posteriormente y como un buen final feliz, Cinelli tomó riendas en el asunto de la producción y desarrolló una gran variedad de proyectos, desde remixes hasta participaciones en compilaciones. “Ahora voy a sacar vía digital un mini álbum de música experimental, toda producida por mi” cuenta.

Como buen melómano, Franco compra música todo el tiempo, ya sea vinilo o digital. “Tengo una catarata musical infernal que sinceramente no llegas a escucharla toda cuando estás arriba del barco. Hay muchos discos cerrados que no he llegado ni a abrir el sobre, pero en cuarentena encontré ese tiempo para experimentar en el estudio, probar, dar vuelta todo” expresa.

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