En un marco imponente, Nick Warren y compañía marcaron un antes y un después. La música electrónica pisó fuerte en el Cosquín Rock de la mano del BNP Stage. ¿Llegó para quedarse? La crónica exclusiva de una fecha histórica.

El festival más grande de Sudamérica tiene -y tuvo desde siempre- un aire especial. Ese aire serrano del Valle de Punilla que respira y siente una vibra diferente. Gente que va a vivir un momento único e irrepetible año a año. Fraternal, de unión, de hermandad. Una experiencia altamente positiva ante un evento de grandes magnitudes. Es algo que se siente al momento de llegar al predio del Aeródromo de Santa Maria de Punilla.

Este año la música electrónica llegaba para poner su ficha en un escenario con una estructura inmensa, digna de los grandes festivales. Nick Warren lo catalogo de “monstruo” horas previas al inicio. Las expectativas ya de por sí eran enormes y fueron aumentando en proporción.

La entrada pactada a las 23:00 empezó a mover muchísima más gente por el ingreso al escenario Sur del Cosquín Rock, donde se ubicó el BNP Stage. Ahí se acercaron para ver en un gran número a Babasónicos para luego quedarse a ver a Nick Warren, Chicola, Eli Nissan y Knowbru, en una pista con los aires de festival.

Knowbru, el talento local bien representado

Uno de los trabajos más difíciles de la noche lo tenía sin dudas Knowbru. Abrir los primeros sonidos electrónicos de la noche después de una banda de rock tenía consigo varios desafíos. El primero era el musical. Tenía ser el primero en adaptar el oído del público para hacer la transición de guitarras, bajo, una voz y batería analógica a música hecha por computadora.

El segundo desafío estaba en la pista: reconocer que iba a haber mucha gente que luego de Babasónicos iba a irse; abrir la noche para los que iban a escuchar nuestra música exclusivamente; y a la vez intentar atraer al público que estaba indeciso y necesitaba un estímulo para decidir quedarse.

Pero esta situación también atraía consigo un desafío extra, uno simbólico: ser el primer “play” de una apuesta sobre la cual había muchas expectativas. La inclusión de la música electrónica a esa escala fue una sorpresa y muchas eran las dudas de cómo iba a funcionar.

Lo concreto es que Knowbru entendió a la perfección su trabajo. Arrancó con sonidos breakbeat, con poco estruendo y mucho ambiente. Poco a poco incorporó el golpe del kick, uno suave, acorde al progressive house que venía después. Los tracks tenían mucho relleno, con atmósferas melódicas y sonidos livianos, ideales para ir creando el ambiente. Logró meter a la gente y crear expectativa, todo esto en menos de 1 hora de set.

Chicola y Eli Nissan, bienvenidos a la fiesta

Lo de Chicola y Eli Nissan es complicado de catalogar e incluso juzgar. De entrada se sabe que en un b2b cada DJ va a poner su impronta, más allá de si pertenecen al mismo género o no. Esto se notó en la elección musical de cada uno.

Cada entrada de Chicola se sentía más pesada y oscura, con tracks potentes más cercanos al techno melódico. Eli Nissan por su parte puso la parte más clara y voladora. Buscó tracks con mayor contenido melódico, más suaves que enérgicos.

Esto puede verse de dos formas: la mala, si estás buscando un set más coordinado y con un hilo conductor; y la buena, que permite sorprenderte y disfrutar de un set más vertiginoso y dinámico. Esto ya es materia de cada gusto particular.

Lo cierto es que cumplieron con lo que debían hacer, que era subir la intensidad, empezar a marcar la fiesta electrónica propiamente dicha y entregarle una pista bien caliente al plato fuerte. Pusieron fiesta antes de Nick Warren y se disfrutó.

Un Nick Warren distinto

Difícil es tener un ojo crítico en una noche que era pura emoción. Todo era distinto, todo era algo nuevo, todo era una sorpresa. Hablando desde el corazón, fue una noche sublime. La selección musical de Nick Warren fue precisa. La situación daba para poner intensidad con sensibilidad y él lo hizo.

Buen manejo de bajadas y subidas, como es usual en Warren. Fuerte contenido melódico y un groove constante, como si quisiera decir “bueno, ahora tienen que bailar en serio”. Incluso se dio el lujo de poner un sampler del clásico del rock “Thunderstruck” de AC/DC, apenas empezaba su set. Los límites ya no existían.

Con el avanzar del tiempo la gente se fue metiendo cada vez más en la música que proponía Nick. Se notaba que había logrado compenetrar a la pista. Todos y todas estaban prestando atención. Uno de los tracks de cierre se lleva uno de los aplausos de la noche: el remix del argentino Nicolás Rada al tema “Mutual Core”, propiedad de una de las voces más bellas de la música contemporánea, la islandesa Björk.

Hubo algunas imperfecciones, es cierto. El sampler de AC/DC por algunos segundos se movió y “zapateó”. Sobre el final se cortó la música por lo que, suponemos, fue un error de Nick al apretar el botón CUE de la bandeja. Y el cierre no fue de lo más prolijo. Pero ante esto, nos preguntamos: ¿puede estar un DJ de la trayectoria de Nick Warren estar nervioso ante un evento de tal magnitud? Sí, sí que puede y quizás vienen por ahí estas delicadezas.

Puesta en escena

Sí, esto necesitaba un párrafo aparte. Es que la puesta en escena fue una de las cosas que hicieron a esta experiencia algo realmente distinto. Ya el escenario era algo nunca antes visto. Decenas de metros de alto por otras decenas de metros de ancho.

Columnas de luces jugaban con tres pantallas LED dispuestas de manera horizontal para que la gente de Arte Nómade, a cargo de las visuales, pudieran hacer su propio show (algo que cumplieron con creces). Era imponente. Todo era imponente.

Y una frase final para lo que, quizás, fue lo mejor de la noche: el sonido. Impecable. Alto nivel. Fue un lujo escuchar música electrónica con ese sistema sonoro.

Más allá de cualquier error o eventualidad (en el set de Chicola y Eli Nissan se apagó la música por unos segundos), la noche fue redonda. Hubo emoción, expectativa, sorpresa. Hubo fiesta, desacato, locura. Hubo música electrónica en el Cosquín Rock. Recuerden esta fecha, porque va a quedar para la historia. ¿Nos vemos el año que viene?


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