En una zona de guerra pueden aparecer personas que son capaces de generar un cambio desde lo más genuino: la música. Descubrimos la historia de SAMA’, de Palestina para el mundo.

SAMA' DJ. Foto: Facebook

Palestina es tristemente conocida por atravesar desde hace décadas una delicada situación. Más de 30 años de guerras y disputas territoriales han condenado a una población a vivir en el más cruel de los abandonos, sufriendo día a día ataques militares que rozan el exterminio.

La distorsión que los medios de comunicación (occidentales) generan alrededor de la figura de Palestina ha contribuido a profundizar la estigmatización de ese pueblo. Sino, hagamos el ejercicio de pensar qué es lo que primero viene a la cabeza cuando escuchamos “Palestina”. Seguramente serán palabras similares a bombas, armas, terrorismo, muerte, destrucción.

En medio de este oscuro panorama, asoma un pequeño lucero que trae algo de esperanza dentro del caos: DJ SAMA’. Sama Abdulhadi, antes conocida como Skywalker, es una DJ, productora e ingeniera de sonido oriunda de la ciudad de Ramallah, Palestina, la cual fue la protagonista del primer Boiler Room en ese país árabe en septiembre pasado.

Una vida siendo pionera

Sama’ es considerada la primer DJ mujer de Palestina y una de las artistas más reconocidas de ese país. Hoy se encuentra profundizando sus estudios en ingeniería de sonido en la Cité Internationale des Arts en París.

De 27 años y padres palestinos, Sama’ nació en Jordania pero a sus 4 años tuvo que mudarse nuevamente a Ramallahciudad natal de su familia. Sus inicios en la música se remontan a su adolescencia, donde comenzó mezclando hip hop y rapeando. Con el tiempo, tuvo la chance de viajar al Líbano y Egipto gracias a tener pasaporte extranjero (la mayoría de los y las palestinos/as no tienen permitido salir del país o incluso de sus propias ciudades). Fue allí donde conoció la música electrónica, con discos de IIO y Tiesto, y luego de ir a una fiesta de Satoshi Tomiie.

A la edad de 16 años comenzó a probar poner una canción detrás de otra con dos bandejas de vinilos y un precario sistema de sonido. A la hora de salir a la luz, se encontró con una escena nocturna casi nula y monopolizada por los hombres. Ante ese panorama, Sama’ comenzó a organizar las primeras fiestas en su ciudad Ramallah y abrió un mundo nuevo para los jóvenes. A partir de allí, más gente comenzó a acudir a sus fiestas e inició la era “rave” de Palestina. En una entrevista con Noisey, Sama’ cuenta que las fiestas en Ramallah tienen, como máximo, 400 asistentes pero se enorgullece al decir que “hoy en día hay media docena de lugares que albergan estas fiestas en Ramallah. La ciudad tiene alrededor de 15 DJs, ¡tres de ellas mujeres!”.

Sama' tocando en el SnowBar de su ciudad natal Ramallah, Palestina en el 2012. Foto: Facebook.

El techno como factor de cambio

Palestina, al ser un territorio ocupado por Israel, configura un lugar con muchas dificultades para desarrollar la profesión o siquiera el gusto por la música. Los/as artistas están prácticamente imposibilitados de viajar a otros países y ciudades internas, es complicado conseguir equipamiento técnico, el acceso a internet es limitado y en ocasiones pueden pasar meses sin fiestas por los bombardeos y enfrentamientos.

En una entrevista con el portal web Millie, Sama’ cuenta que la noche bisagra para ella fue una fiesta en Beirut, Líbano, donde tocaba Satoshi Tomiie. Allí fue donde sintió “la libertad como nunca antes había sentido”, lo que disparó las ganas de llevar la música electrónica a su tierra natal porque quería que sus amigos “pudieran salirse de la realidad aunque sea por una noche”.

Sama’, a pesar de estar radicada en el exterior, continúa yendo a Palestina, donde el año pasado registró su marca legalmente y aprovecha sus viajes para realizar clases y clínicas de ingeniería en sonido y música.

El 3 de abril de este año participó del Palestine Music Expo, un festival en Ramallah creado para potenciar a artistas locales. Actualmente está impulsando la creación de leyes de copyright en Palestina, lo que le permitirá a los artistas locales obtener regalías por sus producciones. Además, en mayo estuvo presente en el Festival de Cannes, en representación del Instituto Palestino de Cine.

Sama' en Cannes. Mayo 2018. Foto: Facebook.

Sama y la causa palestina

Pese a que pide que se la vea y juzgue por su música, Sama’ es muy crítica de la situación política y militar de su país y la región. Recientemente rechazó a Donald Trump y el traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén. También afirmó que no tocaría en Israel, no por estar disgustada con su gente sino como protesta por las políticas de su gobierno.

Para Sama’, el techno puede ser una herramienta de resistencia ya que Palestina es víctima constante de la demonización del mundo occidental. La DJ considera que el mundo árabe necesita maneras de expresarse a sí mismo, tener voz propia y que para eso existe un sólo lenguaje universal: la música. Particularmente el techno puede ser una buena herramienta porque no está enfocado en las palabras como la mayoría de la música árabe, sino que cuenta la historia a través de los sonidos.

La situación social, política y religiosa en medio oriente es, sin duda alguna, muy complicada como para hacer análisis superficiales y con poco contenido. Esto también se puede extender a muchas otras coyunturas a nivel global. Pero también casos como el de Sama’ puede alumbrar un poco el horizonte y confirmar que las diferencias humanas que nos separan no deben atacarse con guerras, muertes, segregación o racismo. Solo basta con escuchar el track que Sama’ eligió para cerrar el set de Boiler Room en Palestina, con el lenguaje universal de la música:

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